Escritos - Writings

Varios Autores

La estrategia de Aracné
Francisco Huici.
catalogo: Teresa Lanceta

LA ESTRATEGIA DE ARACNÉ

FERNANDO HUICI

Tejer no significa solamente predestinar en plano antropológico, y reunir realidades de índole diferente, en el cosmológico sino también crear, hacer salir de la propia sustancia, como lo hace la araña, que construye la tela sacándola de si misma.

Tratado de historia de las religiones.

En ocasiones, cuando a la hora de presentar su trabajo lo ha acompañado de un texto propio, Teresa Lanceta ha recurrido a un tipo muy particular de relato en el que nos narra, por así decir, las vidas ejemplares de mujeres que ha conocido y que la han impresionado vivamente. Son textos que, en principio, pueden resultar sorprendentes, y parecer que poco o nada tienen que ver, finalmente, con lo esencial de la obra a la que sirven de puerta. Mas, a mi entender, la verdad es muy otra. Pues pese a no contener, por lo general, apenas referencias, y aún así tan sólo tangenciales, al trabajo de Teresa, lo cierto es que en ellos se ilumina, con extraña intensidad, lo más íntimo del sentido de su apuesta. Y no me refiero meramente a aquello que, a partir del carácter en gran parte autobiográfico de esos textos, solemos asumir al entender que existen hebras sutiles que enlazan siempre la urdimbre de la vida y la trama de la creación. Pues más que los lazos de familia o de amistad, o que las peripecias compartidas, lo que la une en definitiva a esas mujeres y despierta su admiración es una secreta alianza cómplice, fruto de su valor como modelos de un cierto modo de entender, y reivindicar, la esencia más fértil de la feminidad. Mujeres con rajo, las llamó con preciso acierto en una ocasión, aludiendo a esa condición bravía que todas comparten, para encarnar ante todo un modo específico de enfrentar la existencia que determina, en idéntica medida, su visión del mundo y una actitud ante la creación.

A ello nos remite, en definitiva, la elección de un medio como el tapiz y, con carácter más amplio, ese universo de referencia de lo textil que ha condicionado por entero la labor de Teresa Lanceta. Tal y como confesaba en otro lugar, lo que le atrajo del tapiz fue, junto a un cierto tempo en el proceso creativo, el hecho de que si te equivocas no puedes rectificar. Es como la vida. Lo que has hecho, hecho está y tienes que asumirlo. La cita tiene, de nuevo, más miga de lo que aparenta. Lejos de cualquier equívoca interpretación que la asimile a alguna suerte de fatalismo, traduce una idea de lo femenino que supone, antes que un estar frente al mundo, un estar en y con el mundo.

Más allá, la analogía entre el arte de tapiz y la vida evoca también ese contexto de la cultura oriental que tan decisivo ha resultado al hacer de Teresa Lanceta. Las cosmologías brahmánicas identifican el universo con un tejido; en un Upanishad, se describe al Dios único como aquel que, a semejanza de la araña, se desenvuelve a si mismo en hilos surgidos de la materia primordial. También el Islam asimila la imagen del cosmos a la estructura de un telar. En su Diccionario de los símbolos, Jean Chevalier y Alain Gheerbrant incluyen la siguiente descripción: En África del Norte, en las más humildes chozas de los macizos monta Posos, el ama de casa posee un telar: dos enjulios de madera soportados por dos montantes; un marco simple... El enjulio de arriba lleva el nombre de "enjulio del cielo", y el de abajo representa la tierra. Estos cuatro maderos simbolizan ya todo el universo.

Enfrentada, de un lado, a la fascinación del arte de tejer y, del otro, al callejón sin salida al que había llegado el tapiz contemporáneo que, pretendiendo exorcizar el lugar residual al que el Occidente moderno le había relegado como creación menor, buscó salirse literalmente de su marco para acabar, también de modo literal, perdiendo el hilo, Teresa Lanceta optó, en los años ochenta, por una solución personal que resultaría extremadamente fecunda. Para retomar el hilo, decidió volverse hacia aquellas otras tradiciones étnicas en las que el textil seguía siendo una creación viva y no segregada, con el conjunto de as prácticas artesanales, de la esfera de las artes.

Ese enfrentamiento higiénico al espejo del otro, tan común de hecho al espíritu regenerador de las vanguardias, tuvo, en su caso, un punto de culminación indiscutible en el diálogo con tejidos del Medio Atlas marroquí desarrollado, a finales de la pasada década, en el ciclo de La alfombra roja. Libre de toda servidumbre mimética y todo afán de exotismo, lo que la mirada de Teresa Lanceta extraía, en ese caso, del modelo magrebí y, aún de modo más amplio, de un horizonte plural de arquetipos étnicos, era, ante todo, un caudal de intensidad que otorgaría a sus tapices una dimensión inusitada en el contexto de la creación textil contemporánea. Intensidad que se nutre, sin duda, de esa dimensión trascendente que las especulaciones cosmológicas confieren al textil oriental y que, en el caso de nuestra artista, bien en una esfera que se aleja ya de toda interpretación mística, vendría a jugar un papel semejante al que las propuestas teosóficas cumplieron para Kandinsky o Mondrian en la superación del dilema de lo ornamental. El ciclo de tapices que hoy nos presenta abre un horizonte distinto en el hacer de Teresa Lanceta y responde, en cierto modo, a un nuevo reto. Realizados, en algún caso, durante el periodo en que a artista vivió en la isla de La Palma y, el resto tras su retorno a Madrid, nos hablan ante todo de la voluntad de emancipar la mirada de la fascinación del paisaje textil de otras tradiciones culturales.

Con todo, en esa dimensión esencial del tapiz en el que nada puede ser rectificado, la conciencia despertada a partir del diálogo con modelos étnicos permanece, menos obvia, más aún latente, entretejida en el seno de una más vasta y compleja trama de pautas geométricas donde, el sedimento de estructuras que son universales contiene a su vez, como la huella del mito reinventado por cada lectura, la memoria entera de lo contemporáneo.

Y así, ensimismada ante el espejo infinito del telar, enmarcada por el enjulio del cielo y el enjulio de la tierra, Teresa Lanceta sigue tejiendo hoy, como Aracné, con el hilo que extrae de la conciencia del propio cuerpo, una visión que nos revela el dibujo, misterioso y esquivo, de la estructura del mundo.