Biografía

Catálogos

Teresa Lanceta

Sala de Exposiciones de la CAM. Alicante.
1987

Textos

  • Teresa Lanceta - Victoria Combalía
  • Ante unos tapices - Juan Manuel Bonet

    Ante unos tapices

    Tal vez por mala influencia de lo que les advino a la pintura y a la escultura a partir de 1960, en los últimos años ha existido una cierta propensión de la tapicería a lo que los críticos llamarían su "desmaterialización". Los tapices, efectivamente, se desintegraban, se deshilachaban, se tornaban montones de cuerdas sueltas, azarosas telarañas, harapos. No hace falta insistir sobre lo tedioso que resultaba, que sigue resultando todo eso.

    Teresa Lanceta ha elegido otra vía, y está recorriéndola con tanta obstinación como saber hacer. Los suyos son tapices-tapices, y empiezan siéndolo desde su misma urdimbre técnica.

    Ella sabe que antes que la originalidad está la tradición. En su caso habría que decir, en plural, las tradiciones. Una vida nómada la ha llevado a residir y trabajar en múltiples lugares; hoy mismo, a alternar Sevilla y Marraqués como lugares principales -pero no únicos-, donde transcurren sus días y donde monta su telar.

    Como a todo creador que no se encierra en campana de cristal, a ella estas ¡das y venidas le han proporcionado un bagaje plural, que enriquece sustancialmente su quehacer. Un bagaje de ideas, pero también de materiales y de recetas. Ideas, materiales y recetas, en los tapices creados en Marraqués, acusan el contacto con una tradición otra. De ese acercamiento suyo al mundo islámico del Atlas nacen obras de una austera y sorprendente belleza. Tapices en los cuales la rudeza de las lanas y el rigor colorista -negros noche, rojos sangre, blancos nieve- se convierten en refinamiento.

     

    El mundo de Teresa Lanceta crece al contacto con esas tradiciones ancestrales, pero también en el diálogo con un arte moderno que ha representado a menudo el juego de lo popular. Ambos aspectos se interrelacionan. Las geometrías del Islam hace ya más de sesenta años le fascinaban a Paul Klee. Los juguetes y las cerámicas siempre le gustaron a Miró. En cuanto a Matisse, su obra está llena, precisamente, de alfombras y tapices, muchas de ellas de inspiración marroquí.

    Geometrías sensibles y coloreadas. Flechas, espirales, peines, serpientes, tijeras, figurillas humanas, se inscriben como anécdotas en un tejido en el que prevalecen los grandes movimientos: triángulos, rombos, escaleras, recintos. Como una ciudad fantástica, imaginaria, poblada por los signos, por los jeroglíficos de una antigua cultura. Como una ciudad que recorre, cual caminante, un ojo siempre solicitado por un nuevo detalle, por un nuevo rincón del paisaje urbano.

    Obviamente no son estos tapices, estas largas -a veces larguísimas- alfombras, cuadros; ni quieren serlo. Se han visto, sin embargo, en contextos artísticos, como cuando fueron galardonados en Alicante, o como cuando más recientemente fueron expuestos en Madrid, en el domicilio de Dis Berlin. No son cuadros, pero interesan al público del arte. Frente al aburrimiento de la mencionada tapicería "moderna" de fórmula, ellos proponen un espacio suyo. Se adueñan del suelo o de la pared, y desde ellos se abren como ventanas ante las cuales soñar, en las cuales perderse.

    Juan Manuel Bonet


Título
Título